Resulta paradójico
que fuese un norteamericano, Edgar Allan Poe, quien iniciara la escuela
inglesa del género policiaco, que Conan Doyle llevó a su máximo grado de
perfección, con las características que pueden resumirse de la siguiente manera:
1. Planteamiento de un caso
"indescifrable", que será resuelto mediante un complicado procedimiento
intelectual, similar en Muchos aspectos a un juego de ajedrez.
2. El detective o investigador es una
persona sumamente inteligente, culta, en ocasiones incluso un hombre de ciencia.
3. En la investigación se sigue el
método científico: observación, análisis, deducción.
4. La investigación realizada para
esclarecer el caso debe conducir a una doble respuesta: a) quién cometió el
crimen, b) cómo se llevó a cabo (muchas veces esto último resulta más importante
para el interés de la trama).
5. La violencia ha de presentarse en
dosis muy reducidas,. limitadas casi siempre al crimen que origina la
investigación.
6. La solución del problema es
proporcionada por el detective en las páginas finales del relato.
Los principales representantes de la
escuela inglesa o novela-problema, como también se llama a esta tendencia,
son los ya mencionados Poe, Conan Doyle, Chesterton, Agatha Christie, Simenon,
Lee y Danay; creadores de los detectives Augueste Dupin, Sherlock Holmes, el
padre Brown, Hércules Poirot, el inspector Maigret y Ellery Queen,
respectívamente.
La segunda gran vertiente del género
policial se conoce con el nombre de escuela americana o serie negra,
habiéndose originado en los Estados Unidos durante la década de los treinta,
cuando entró en vigor la célebre "ley seca", que con la prohibición de la venta
de licores alentó la proliferación de gángsters y sus turbios y lucrativos
negocios.
El padre de la serie negra es
Dashiell Hammett, escritor norteamericano, que como ya se dijo fue detective a
sueldo antes de dedicarse profesionalmente a la literatura. Hammett no gozó del
aprecio de la crítica sino mucho tiempo después de haber conquistado fama y
dinero con sus novelas, cuentos y guiones cinematográficos, lo cual no debe
extrañar a nadie dado que la historia de la literatura es, en gran medida, la
historia de los errores de la crítica, empeñada en confundir la serie dad con el
aburrimiento.
Hammett impuso una
nueva modalidad
narrativa, más acorde con la realidad de su época y la idiosincrasia del pueblo
estadounidense. Desechó la figura del investigador cerebral -a manera de
Sherlock Holmes-, para remplazarla por la del detective rudo y práctico, que no
vacila en golpear o en usar su revólver, Los héroes de Hammett están muy lejos
de poseer un intelecto superior; por el contrario, se trata de sujetos mediocres
e incultos, cuya profesión les obliga a proceder guiados más por el instinto que
por la razón, inmersos hasta el cuello en las múltiples trampas de una sociedad
corrupta y brutal. El agente de la Continental y Sam Spade (los dos personajes
mejor logrados de este autor) constituyen la contraposición exacta a los
investigadores de la es cuela inglesa.
En términos generales, puede afirmarse
que la serie negra implica una intención de crítica social sin perder por ello
amenidad ni cualidad estética. He aquí sus rasgos distintivos:
1. El interés no gira alrededor de un
crimen inexplicable, sino en torno a la violencia cotidiana.
2. Se abandonan los escenarios
aristocráticos y sofisticados para adentrarse en la "jungla de asfalto" es
decir, en la gran ciudad.
3. Violencia constante y progresiva.
4. Descripciones breves,
impresionistas.
5. Diálogos ágiles, de ritmo
cinematográfico.
Además de Hammett, es representante de
la escuela americana Raymond Chandler, con su héroe Philip Marlowe, detective
honrado a manera de un caballero errante, siempre en rebeldía frente a una
sociedad corrupta, pero impotente ante ella. Las descripciones de Marlowe acerca
de la sociedad californiana son formidables y propias de un sociólogo popular.
Otro ejemplo de la serie negra es Mickey Spillane, creador del famoso detective
Mike Hammer, popularizado por la televisión; de muy inferior calidad literaria.
Al margen de las particularidades
estilísticas que diferencian la escuela inglesa de la americana, ambas comparten
idéntica fascinación por el crimen, entendiéndose como tal cualquier clase de
delito y no exclusivamente el asesinato.
La tercera variante de la novela
policial, aunque menos importante que las anteriores, es aquélla que sustituye
al detective por el delincuente. como protagonista de la obra. En efecto, no son
pocos los escritores que han preferido otorgar al criminal el papel protagónico
de sus narraciones; esta otra faceta del género fue iniciada en Francia por
Maurice Leblanc, quien inventó al máximo rival de Sherlock Holmes: Arsenio Lupin,
el "genio del disfraz", una veces tenor, otras chofer, otras más viajante de
comercio marsellés... Una especie de Robin Hood trasplantado al siglo XIX. La
principal característica de este singular personaje es su elegancia: Arsenio
Lupin es el dandy ladrón de guante blanco y sombrero de copa, que sólo opera en
los castillos y los salones aristocráticos, y que una noche dejó en la mansión
del barón Schorman su tarjeta de visita con esta anotación: "Volveré cuando los
muebles sean auténticos".
Una versión posterior del
"protagonista-delincuente", que también se dedica a hacer justicia por su propia
mano, es la del famoso Raffles creado por Ernest William Hornung, cuñado de
Arthur Conan Doyle, quien retoma la fórmula de la pareja, haciendo acompañar a
Raffles en sus fechorías por un leal e ingenuo ayudante, como el doctor Watson
lo hacía con Sherlock Holmes. Otro ejemplo de novelas en esta línea son las del
inglés Leslie Charteris, quien dio vida al sofisticado personaje Simón Templar,
alias "el Santo", no el enmascarado luchador, sino el personaje caracterizado
por el actor Roger Moore, también ampliamente difundido a través de la
televisión, si bien en ésta aparece despojado de todo carácter criminal.
Finalmente, la cuarta tendencia del
género policiaco sería la que combina el racionalismo de la escuela inglesa, con
la violencia de la serie negra, más elementos de la ciencia ficción, el
espionaje y el erotismo, como ya hemos señalado, y de la que es principal
representante el británico Ian Fleming, creador de James Bond; corriente a la
que se suman cientos de héroes y superhombres, cuyo éxito comercial no siempre
es proporcional al talento de sus autores.
Capítulo I. Historia
Capítulo II. La novela y la ciencia