La historia de la novela. policiaca
comienza hacia 1840, con Edgar Allan Poe, a quien puede llamarse el padre de este
género; no obstante, existen algunos antecedentes, entre los cuales el más
remoto data del siglo V a.C.; nos referimos a la obra dramática de Sófocles
Edipo Rey, para algunos la más grande de las tragedias griegas.
El mito de Edipo es presentado en la
obra de Sófocles a manera de uña investigación que el propio personaje cumple y
de la que resultará su autoconocimiento. Para quienes no recuerden de momento la
trama de la genial tragedia, sintetizo a continuación su argumento;
Un oscuro oráculo afirmaba que Edipo
mataría a su padre y se casaría con su madre. Para librarse de tal destino,
Edipo huye de su patria. En el cruce de dos caminos riñe con otros viajeros y
encolerizado mata a uno de ellos, un anciano. Al llegar a Tebas y por haber
resuelto el enigma de la Esfinge es premiado con el trono y debe desposar a Yo
casta. Pasado el tiempo, Tebas es asolada por una peste... Consultado el
oráculo, contesta: debe arrojarse al impuro que mora en la ciudad tebana.
¿Quién es el impuro? Edipo, seguro de sí mismo, inicia la investigación con la
implacabilidad propia de un detective de la escuela americana (ya hablaremos más
adelante de las diferentes tendencias dentro del género policiaco). Al final de
la tragedia, y en posesión de muchos datos, Edipo deberá reconocer que él es el
impuro del que hablaba el oráculo, pues sin saberlo mató a su padre Layo en el
cruce de dos camino y se casó con su madre Yocasta. (Es miserable la condición
humana, pues no puede escapar al designio de los dioses). Horrorizado ante su
descubrimiento, Edipo apura su castigo: se saca los ojos que "no vieron cuando
debieron ver". La investigación ha terminado, el propio pesquisador es el
homicida-incestuoso. Se cierra así la búsqueda; el orden es restablecido.
La tragedia griega buscaba operar una
catarsis en el espectador mediante la producción de dos fuertes sentimientos el
terror y la piedad. En el caso de Edipo Rey se produce un
restablecimiento del orden religioso y moral transgredido por el culpable. No
son de igual índole e intensidad los sentimientos que el relato moderno se
apresta a despertar en el lector.
El lector de la novela policiaca se
identifica especialmente con. el personaje central que siempre desempeña el,
papel de investigador. El deleite que produce la lectura de este género
literario está, inserto en el desarrollo de la investigación misma.
La emoción por excelencia que registra
es esencial al seguimiento del proceso deductivo; es un placer intelectual ir
reconstruyendo la situación global a partir de los datos que, el autor va dando
en el transcurso de la narración. Por fin se concluirá quién fue el asesino y se
dará la explicación justificativa del acto que determinó el comienzo de la
investigación. Al menos así ocurre en gran parte de la producción novelesca
policiaca.
En cuanto al protagonista (el
detective), una vez resuelto el caso, está en condiciones de comenzar una "nueva
investigación.: De aquí deriva su permanencia prolongada en series de novela,
-lo que ase gura la producción cuantiosa y el éxito correlativo del escritor.
Durante muchos años, el género
policiaco fue visto con menosprecio en los círculos académicos y pretendidamente
intelectuales, don de se le clasificaba despectivamente como 'literatura
barata", o "subliteratura", sin embargo, el tiempo se ha encargado de hacerle
justicia al demostrar que, como cualquier otra temática -y en mayor proporción
que muchas, ha aportado auténticas obras maestras a la literatura mundial.
Es cierto que a primera vista podría
pensarse que el crimen es de por sí un tema antiestético, mas conviene señalar
que muchas. de las. grandes obras de la literatura universal abordan el tenia,
dando verdadero valor artístico a su tratamiento; tal es el caso de obras como
Macbeth de Shakespeare, Los miserables de Víctor Hugo o Crimen y
castigo de Dostoyevski, por citar sólo algunos ejemplos.
Con el propósito de reafirmar esta
apreciación, nos parece oportuno recordar el juicio que sobre el particular
expresó el notable escritor inglés Thomas de Quincey: "La gente comienza a darse
cuenta de que la ejecución de un bello crimen: entraña algo más que la
presencia. de dos imbéciles (el asesino y la víctima), un cuchillo, una cartera
y un sendero oscuro. El objetivo, la situación de los actores, la luz y la
sombra la poesía, el sentimiento, éstos son los elementos que parecen indispensables en obras de esta naturaleza".
Desde la publicación de la ya clásica
obra de de Quincey, Del asesinato considerado como una de las bellas artes,
la realidad del placer estético que proporciona una novela o un relato
policiacos no puede ponerse en duda.
Como señalamos líneas atrás, la
historia de la narrativa policiaca se inicia con Edgar Allan Poe, quien entre
sus numerosas aportaciones cuenta con la invención del primer detective de la
literatura universal: Auguste Dupin. Este curioso personaje es el protagonista
de tres relatos magistrales en los que aparecen, perfectamente desarrollados,
aquellos elementos que darán origen al género policiaco. Ellos son: "El doble
asesinato de la calle Morgue", "El asunto de María Roget" y "La carta robada".
Es muy probable que ni el mismo Poe se percatara de que con su personaje, Dupin,
había establecido el arquetipo del investigador privado y, por consiguiente, del
héroe mítico que mejor reflejaría a la cultura occidental de los tiempos
modernos.
Dupin es un individuo dotado de
cualidades excepcionales, un intelecto superior cuya capacidad de observación y
deducción le permiten descifrar enigmas insolubles para el común de las
personas. La principal arma de Dupin es su mente analítica a la cual añade una
poderosa imaginación y una amplia cultura; se trata, en suma, de una
inteligencia cultivada.
Si Poe fue el iniciador del género, el
famoso escritor británico Arthur Conan Doyle, creador del aún más famoso
Sherlock Holmes, tiene el mérito de haberlo consolidado. El método deductivo que
tanta popularidad confirió a Holmes, es el mismo que aplica Dupin en sus
investigaciones, lo cual no constituye evidentemente una coincidencia y sí una
imitación que, por cierto, supera al original.
A partir del enorme éxito obtenido por
Conan Doyle, mediante los relatos protagonizados por su fascinante personaje
Sherlock Holmes, surgirían una gran cantidad de imitadores, algunos francamente
mediocres, pero otros capaces de hacer valiosas aportaciones al incipiente
género, que de esta manera acabó por imponerse como una de las temáticas
fundamentales de la literatura moderna.
Entre aquellos autores que no se
limitaron a seguir la pauta trazada por Conan Doyle y enriquecieron
considerablemente la narrativa policiaca pueden mencionarse los siguientes:
Gilbert K. Chesterton, el notable
polígrafo británico, quien justamente apreciado como uno de, los mejores
escritores de lengua inglesa no incurrió en el grave error de desdeñar el género
policiaco, incursionando en el mismo con su habitual ingenio y refinado sentido
del humor En efecto, a él se debe la creación de otro formidable detective: el
padre Brown, nada menos que un sacerdote capaz no sólo de resolver intrincados
crímenes sino, asimismo, de salvar las almas de los delincuentes.
Aunque de menor calidad literaria, no
puede soslayarse a la fecunda escritora inglesa Agatha Christie, creadora de dos
célebres investigadores, el inspector de policía Hércules Poirot, cuya técnica
fundamental es la inspección ocular, junto con el interrogatorio y aún mejor, la
conversación, y la señorita Marple, versión femenina del detective, quien tras
su apariencia inofensiva de dama de sociedad, oculta un enorme poder analítico
que le permite envolver con su conversación y astutas preguntas a todos los
sospechosos.
En Estados Unidos aparece un estupendo
innovador, Dashiell Hanimett, quien antes de revelarse como un magnífico
novelista, había desempeñado el oficio de detective privado para la Agencia
Pinkerton. Así pues, su experiencia personal explica el mayor realismo de sus
obras y la convincente caracterización de sus personajes, especialmente del
investigador Sam Spade, protagonista de sus novelas. Éste ya no es el clásico
detective cerebral que resuelve los casos sin ensuciarse las manos, por el
contrario, se trata de un hombre rudo, violento, inmerso en el despiadado
ambiente del hampa propio de las grandes ciudades. Por todo ello se le considera
el precursor de la escuela americana, también llamada serie negra, de la
novela policiaca.
Para evitar extenderme con una lista
interminable de autores y personajes, sólo añadiré algunos de los más
representativos, como el norteamericano Rex Stout, creador del detective Nero
Wolfe; el francés George Simenon, que concibió al inspector Maigret; los también
norteamericanos Lee y Danay, autores de las novelas protagonizadas por Ellery
Queen; Earl Stanley Gardner, quien inventó al abogado penalista Perry Mason; y
el holandés S.S. Van Dine, creador del personaje Phillo Vance.
A partir de la década de los cincuenta,
el género policiaco, que parecía extinguirse, sobrevive al adoptar diversos
elementos de otras modalidades literarias, como el espionaje, el suspenso, la
ciencia ficción e inclusive el erotismo que combinará con desigual fortuna-
para adaptarse a las nuevas circunstancias de la sociedad contemporánea.